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CALI NO PUEDE ACOSTUMBRARSE AL TERROR

El atentado ocurrido el día de ayer en Cali, en inmediaciones del Batallón Pichincha, no puede ser leído como un hecho aislado ni reducido a una simple cifra dentro del parte diario de violencia que vive el país. Se trata de una agresión que golpea la seguridad colectiva, altera la tranquilidad ciudadana y revive el miedo en una ciudad que históricamente ha cargado con los costos del conflicto armado y la criminalidad organizada.

De acuerdo con reportes de prensa, un artefacto explosivo fue utilizado en las cercanías de la instalación militar, generando incendio, pánico y personas lesionadas. Las autoridades investigan la posible responsabilidad de estructuras armadas ilegales que continúan operando en la región. 

Desde CORPOVIMADH rechazamos de manera categórica todo acto terrorista que ponga en riesgo la vida e integridad de la población civil. Ninguna causa política, económica o criminal justifica sembrar miedo entre comunidades enteras. Cuando una explosión ocurre en medio de zonas urbanas, las principales víctimas siempre terminan siendo los ciudadanos comunes: trabajadores, estudiantes, comerciantes, adultos mayores y familias que solo intentan vivir en paz.

Lo ocurrido también deja en evidencia una realidad incómoda: varias ciudades colombianas siguen expuestas a la acción de grupos armados ilegales, economías criminales y redes violentas que aprovechan vacíos institucionales. Cali, por su ubicación estratégica y cercanía con corredores históricamente afectados por el conflicto, enfrenta riesgos que exigen respuestas integrales y no únicamente reacciones coyunturales.

La seguridad no puede limitarse al aumento temporal de patrullajes después de cada ataque. Se requiere inteligencia efectiva, prevención territorial, fortalecimiento de la justicia, protección comunitaria y presencia social del Estado en los sectores más vulnerables. Allí donde no llega la institucionalidad, suele avanzar la violencia.

Pero también es necesario insistir en la defensa de los derechos humanos aun en contextos de crisis. Combatir el terrorismo no puede significar sacrificar garantías ciudadanas, normalizar abusos o estigmatizar comunidades enteras. La respuesta estatal debe ser firme, legal y respetuosa de la dignidad humana.

Cali merece vivir sin miedo. Colombia merece dejar de contar atentados como si fueran rutina. Cada ataque es una derrota colectiva y cada silencio frente a la violencia abre espacio para su repetición.

Hoy expresamos solidaridad con las personas afectadas, con sus familias y con toda la ciudadanía caleña. Al mismo tiempo exigimos resultados reales en las investigaciones, protección efectiva para la población y una política pública seria que enfrente las causas profundas de la violencia.

No podemos permitir que el terror se vuelva costumbre.

 

Autor:

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CARLOS EDUARDO RAMIREZ VILLABONA

Representante Legal Suplente, Subdirector General y Miembro de la Junta Directiva - CORPOVIMADH.

Fecha de Publicación: 26de Abril de 2026

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